La crónica verde

El ‘pezqueñín' más caro

César Javier Palacios

20 Minutos. Viernes 24 de diciembre de 2004

Las angulas, esos cada vez más extraños y caros objetos de deseo gastronómico navideño, están en peligro de extinción. Ríos contaminados, llenos de embalses y otros obstáculos, pero también la sobrepesca, están acabando con este extraño ser, mitad pez, mitad gusano.

Es el único pezqueñín que irresponsablemente nuestra legislación permite consumir, algo terminante prohibido en Portugal, salvo en los ríos fronterizos, por eso de evitar conflictos diplomáticos.La situación es tan crítica que de los 500 pescadores federados en el Miño el año pasado tan sólo 200 mantienen su actividad.

Cuando las angulas llegan al plato de quien puede pagar los 800 euros que cuesta el kilo, superior al valor de una onza de oro, tienen tres años y varios miles de kilómetros de viaje a lomos de las corrientes marinas. Todas nacen en el Mar de los Sargazos, entre las Bermudas y Puerto Rico, donde cada una de sus madres pone 20 millones de huevos antes de morir agotadas.

Hasta seis kilos de peso. Su instinto les empuja a dejar el mar y entrar en los ríos para hacerse adultos de hasta seis kilogramos de peso, antes de iniciar el camino de no retorno a su mar tropical de desove. Pero en las desembocaduras, en las noches sin luna, nuestros pescadores acaban con tan increíble aventura. Entonces, transparentes se quedan blancas al cocerlas, previa muerte con una infusión de tabaco.

La reducción de las capturas y la llegada de una dura competencia oriental está disparando los precios. Los japoneses y taiwaneses se ríen de nosotros. Prefieren engordar estos alevines y vender luego la preciada carne de anguila como sushi. Nosotros las comemos de un gramo y ellos de un kilo. Nos engañan como a chinos.

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