La crónica verde

Grandes imitadores

César-Javier Palacios 20 Minutos. Viernes, 17 de Diciembre de 2004 

Científicos británicos asombraban hace unos años al mundo con una prueba más de la influencia del hombre en la naturaleza. Los estorninos, nuestros negros tordos campaneros, son capaces de imitar los sonidos de los teléfonos móviles en sus cantos de apareamiento. Suena un móvil en el parque, todos buscan el suyo y el cachondo del pájaro sonríe desde un árbol.

Preguntados los ornitólogos españoles sobre si algo parecido ocurre aquí, la respuesta ha sido sorprendente. Los vecinos alados de la casa de Xabier Remírez, en Zizur Mayor (Navarra), imitan a la perfección el chisporroteo de las cercanas torres de alta tensión. En Barcelona, José Luis Copete los escucha reproduciendo la alerta para invidentes de los semáforos urbanos. Lo mismo hacen en Madrid, se supone que por instinto y no por mala leche. También nuestros mirlos son expertos plagiarios. Jorge Sánchez detectó uno en Cartagena (Murcia) imitando la alarma antirrobo de un local, cuyo dueño acabaría harto de tanta falsa alarma.

Algunas veces, el pájaro copión es otra ave, y no precisamente un loro. Como el alcaudón real que, por ejemplo, clikea en el Jardín de Cactus (Lanzarote) igual que la máquina fotográfica de un turista más. O el mirlo del hospital Virgen del Rocío de Sevilla, replicando las sirenas de las ambulancias y el piruviri de las emisoras de los radiotaxis. Lo escuchó Manuel Carlos Pérez, quien durante varios años ha disfrutado en Cazalla de la Sierra de todo un melómano con plumas al que bautizó, en buena lógica, Beethoven. Este tordo se atraía a las hembras con las primeras notas de la genial Quinta Sinfonía, repitiendo machaconamente un bien timbrado «sol-sol-sol-miiii» desde lo alto de una antena. Todo un clásico.

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